Después de la exótica y cansada visita al rio Tana, no se si para todos pero por los menos yo acabé destrozado, aunque es verdad que yo seguía enfermo, se duerme como un bebé. A la mañana siguiente tocaba madrugar porque era Domingo y la Misa esta vez era con todo el pueblo y gente de los pueblos de cerca, y epezaba muy pronto “por la mañanita” (como dicen los guineanos de mi clase). Pero lo que no esperaba era que iba a amanecer como amaneció. Me levanté y me fui a la ducha. Cuando terminé se oía a los pájaros cantar y una luz resplandeciente entraba por la ventana. Pero al salir de la casa de invitados en la que estabamos instalados estaba cayendo un chaparrón increíble. Lo que tampoco esperaba que la lluvia cesase en tan solo cinco minutos y saliese un sol radiante de nuevo. Fue algo realmente extraño. Entonces nos dirigimos a la gran iglesia.
Una vez ahí, como siempre y nos es por chulearme, todos los niños, jovenes y ancianos del pueblo vienen a saludarnos nada más salir del coche. Después de dar bastantes manos nos metemos y esperamos a que empece la Misa. Mientras el sacerdote se prepara y los niños pequeños se colocan en una zona aparte todos juntos para que no molesten mucho, el coro ensaya alguna de las canciones que más tarde cantarían durante la celebración. Comienza la Misa.
La Misa es por supuesto en Swahili. La homilía la dice en inglés ya que elsacerdote no habla todavía muy bien el idioma local, pero un traductor va haciendo lo propio mientras el habla. La cosa no cambia mucho con respecto a la Misa del viernes: espectaculares voces cantando, un grupo de niñas bailando al rededor del altar durante las canciones… Lo único que distinto fue el número de personas que asistieron. A la el viernes sólo fueron los niños del colegio y a la del domingo todo el pueblo.
Al terminar la Misa nos tienen preparado un show con todo tipo de actuaciones: un coro, obras de teatro y por supuesto nos dieron de comer “mandasi” (especie de pan triangular y un poco malo típico de Kenia del que no se si os hablé) con té. Con lo que no contabamos es que nos iban a hacer bailar la danza Pokomo tradicional con los vestidos pokomos tradicionales. Las fotos lo dicen todo. Es un poco ridículo pero desde el primer dia me lo advirtieron: “En estas dos semanas te ve a tocar alguna vez bailar pokomo, lo siento mucho”, me dijo Alan, uno de los seminaristas. Después de las danzas pasaron a los regalos. Alguna gallina cayó, pero además nos regalaron una alfombrilla hecha a mano con nuestro nombre a cada uno (la primera vez que lo escribían bien y por que les dijo como era el sacerdote que si no me habrían vuelto a poner “Banjo”, como el primer dia. No puedo colgar muchas fotos porque creo que a mi tio no le gustaría que estuviesen en internet. En Madrid las enseñaré.
Después del festival nos vamos a comer y ha tener la merecida siesta del visitante que no aguanta el ritmo de los acontecimientos. Habiendo descansado, se juega el tradicional partido de los domingos, en el que los niños del colegio con los seminaristas hacen dos equipos y se reparten camisetas de dos equipos diferentes. Unos iban del Barça y otros del Arsenal (hay que ver que poco conocen de la Liga española. ¡Se crían que me iba a poner la del Barcelona!). Por supuesto el Arsenal ganó y la razón no es por que fuesemos más que ellos. Ni si quiera por que yo era el único del campo que llevaba calzado (que no digo tacos, solo algo cubriendo los pies). Yo les dije que la próxima vez eligiesen mejor la camiseta, que probablemente esa era la causa de su derrota.
Después se hizo de noche y los niños se fueron sus casas. El dia había terminado.




